
Thana prueba: ArtCraft, la suite que puede hacer temblar a Adobe (y que, gracias a Dios, es gratis)
siete aplicaciones libres apuntando al corazón de Creative Cloud
Primera entrega de una nueva serie sobre herramientas, aplicaciones y tecnologías que merecen una oportunidad, incluso cuando todavía tienen mucho por mejorar.

PhotoCraft en acción. Captura oficial del proyecto ArtCraft.
Hay algo que disfruto muchísimo de esta época de la tecnología: cada tanto aparece alguien que mira una industria dominada por una empresa gigantesca, observa las reglas del juego y decide que no tiene por qué aceptarlas. No necesita tener una corporación detrás, miles de empleados ni un presupuesto de millones de dólares para empezar. A veces alcanza con tener una buena idea, las herramientas adecuadas y suficientes ganas de demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera.
Eso es, precisamente, lo que me pasó al descubrir ArtCraft y su familia de aplicaciones gratuitas y de código abierto que apuntan directamente a la suite creativa de Adobe. Estuve probando algunos de sus productos y no voy a vender humo: están verdes, todavía hay cosas que necesitan pulirse y sería una irresponsabilidad presentarlos como reemplazos definitivos para cualquier entorno profesional. Sin embargo, hay algo en su propuesta que me genera un entusiasmo enorme, porque no estamos hablando de otra aplicación aislada que hace una sola cosa bien. Estamos hablando de un proyecto que quiere poner en jaque un modelo de negocio que lleva años acostumbrándonos a pagar, pagar y seguir pagando.
Y sí, lo voy a decir desde el principio: ojalá que Adobe pierda buena parte del dominio que tiene sobre el mercado creativo. No porque sus programas carezcan de valor, sino porque ninguna empresa debería sentirse tan cómoda en una posición dominante como para olvidarse de que, del otro lado de la pantalla, hay personas que necesitan trabajar sin quedar atadas para siempre a sus condiciones.
Siete aplicaciones, una misma declaración de intenciones
ArtCraft presenta una familia de siete herramientas que intentan cubrir buena parte del territorio habitual de Adobe Creative Cloud. La lista oficial incluye PhotoCraft para edición de imágenes, VectorCraft para ilustración vectorial, FilmCraft para edición de video, LightCraft para fotografía y revelado RAW, PdfCraft para trabajar con documentos PDF, EffectCraft para motion graphics y efectos visuales, y DesignCraft para maquetación y diseño editorial.
Dicho de otra manera, tenemos alternativas que apuntan a los terrenos de Photoshop, Illustrator, Premiere Pro, Lightroom, Acrobat, After Effects e InDesign. La idea no consiste simplemente en lanzar versiones gratuitas de un editor de imágenes o un programa para cortar videos, sino en construir un conjunto de herramientas que compartan una filosofía de desarrollo, una experiencia de uso y una arquitectura capaz de crecer con el tiempo. La presentación oficial de ArtCraft permite ver el alcance de la propuesta y el estado de cada aplicación.

Las siete aplicaciones de ArtCraft frente a la suite de Adobe. Imagen: PCMRACE.
Una de las decisiones técnicas más interesantes es que están desarrolladas en Rust, con aplicaciones nativas y repositorios públicos. El equipo también apunta a que sus herramientas puedan funcionar en distintos sistemas operativos y, en varios casos, desde el navegador mediante WebAssembly. A eso se suma algo que me parece especialmente interesante para el futuro: la posibilidad de automatizarlas mediante interfaces de línea de comandos, canales de control JSON y MCP, de modo que también puedan trabajar con agentes de inteligencia artificial.
Es decir, no se trata únicamente de intentar reproducir lo que conocemos de los programas tradicionales, sino de preparar esas herramientas para una época en la que una parte cada vez mayor del trabajo creativo puede estar asistida por sistemas automatizados. Y hacerlo sin obligarnos a aceptar, desde el primer momento, una suscripción mensual para entrar al juego.
PhotoCraft: cuando Photoshop deja de ser el único nombre que viene a la cabeza

PhotoCraft editando una imagen con capas. Imagen: Techaeris.
Si hay un programa de Adobe que se convirtió prácticamente en un verbo dentro del lenguaje cotidiano, ese es Photoshop. Durante décadas fue la referencia para editar fotografías, crear composiciones, trabajar con capas y preparar piezas gráficas. Su influencia es tan grande que muchas personas identifican la edición de imágenes con un único producto, aunque existan alternativas excelentes desde hace años.
PhotoCraft quiere meterse justamente en ese terreno, con herramientas para capas, máscaras, ajustes, tipografía, pinceles y documentos con estructura compatible con archivos PSD y PSB. La propuesta se apoya en una interfaz familiar, un funcionamiento local y un desarrollo abierto que permite inspeccionar el código, reportar problemas y seguir la evolución del proyecto.
Lo interesante es que no intenta convencerte de que tenés que aprender una disciplina completamente nueva para usarlo. Busca que alguien acostumbrado al flujo de trabajo de Photoshop pueda reconocer herramientas y paneles, empezar a trabajar y colaborar en su evolución si encuentra algo que no funciona como debería.
En las pruebas que hice con algunos productos de la familia, esa es precisamente la sensación que más me quedó: todavía hay detalles por resolver, pero el proyecto no parece estar improvisando una aplicación para después ver qué hace con ella. Hay una dirección clara, una intención de construir algo serio y una ambición técnica que merece atención.
Y eso, para una alternativa que recién empieza a hacerse conocida, no es poca cosa.
VectorCraft: Illustrator también tiene motivos para mirar de reojo

El segundo frente importante es la ilustración vectorial, ese mundo de curvas Bézier, nodos, tipografía, formas, trazados y recursos gráficos escalables que tantos diseñadores utilizan a diario. Illustrator lleva muchísimo tiempo ocupando un lugar central en ese mercado, y buena parte de los profesionales construyeron su manera de trabajar alrededor de sus herramientas.
VectorCraft busca ofrecer una experiencia reconocible, con pluma, selección directa, operaciones entre formas, paneles de apariencia y efectos editables. La captura oficial muestra una composición synthwave en la que se trabaja con tipografía y efectos visuales desde el propio programa, una buena forma de entender hacia dónde apunta su interfaz.
Por supuesto, una cosa es presentar una interfaz atractiva y otra muy distinta es sostener una producción profesional con archivos complejos, recursos enlazados, tipografías, perfiles de color y entregas que no pueden fallar. Esa es la parte que tendrá que demostrar con el tiempo. Pero que haya un proyecto de código abierto dispuesto a competir también en este segmento es una excelente noticia para quienes trabajan en diseño, ilustración y branding.
Lo que más me entusiasma no es pensar que mañana vamos a desinstalar todo lo que conocemos, sino que empieza a existir una alternativa con posibilidades reales de crecer. Cuando aparece competencia, hasta el gigante más cómodo tiene que volver a justificar por qué merece nuestro dinero.
FilmCraft: editar video sin hipotecar el presupuesto creativo

El video es otro de los territorios donde Adobe tiene una posición muy fuerte gracias a Premiere Pro y su integración con el resto de Creative Cloud. Para quienes editan contenido profesional, publicidad, videos para redes sociales o producciones audiovisuales, abandonar un programa conocido no siempre es sencillo. No alcanza con poder cortar clips y acomodarlos en una línea de tiempo: hacen falta compatibilidad, estabilidad, rendimiento, códecs, herramientas de color, audio y un sistema que responda cuando el proyecto empieza a crecer.
FilmCraft apunta a cubrir ese terreno con edición multipista, efectos, keyframes, títulos, ajustes de color y opciones de exportación. El repositorio del proyecto publica una hoja de ruta y reconoce que todavía hay una distancia importante entre contar con funciones implementadas y estar preparado para reemplazar Premiere en un flujo de trabajo real.
Esa diferencia me parece fundamental, porque es fácil caer en el triunfalismo cuando aparece una herramienta que promete hacerlo todo. Poder encontrar una función en un menú no significa que se comporte de manera idéntica a su equivalente profesional, y mucho menos que funcione perfectamente en todos los proyectos posibles.
Pero también hay que mirar lo que está pasando desde otra perspectiva: desarrollar una suite semejante desde cero suponía históricamente un esfuerzo enorme, con años de trabajo y equipos especializados. La combinación de herramientas de programación asistida por inteligencia artificial, una arquitectura abierta y una comunidad que pueda corregir errores empieza a cambiar esa ecuación. No elimina las dificultades, pero hace que determinados proyectos sean mucho más viables.
Y, sinceramente, tengo muchas ganas de ver hasta dónde puede llegar FilmCraft.
LightCraft, PdfCraft, EffectCraft y DesignCraft completan el panorama
El resto de la familia es igual de interesante porque demuestra que ArtCraft no quiere quedarse solamente con el editor de imágenes. LightCraft apunta al catálogo fotográfico y al revelado de archivos RAW, con ajustes no destructivos y herramientas de selección y corrección de imagen. PdfCraft se mete en un terreno menos vistoso, pero fundamental para muchísimas personas: visualizar, organizar, combinar, dividir y proteger documentos PDF.

LightCraft: catálogo y revelado RAW. Captura oficial del proyecto ArtCraft.
EffectCraft se ocupa del universo de los gráficos animados y los efectos visuales, donde After Effects lleva años siendo una referencia para diseñadores y creadores audiovisuales. Por último, DesignCraft se orienta a la maquetación editorial, con páginas enfrentadas, estilos tipográficos, columnas vinculadas y herramientas para preparar publicaciones, un ámbito históricamente relacionado con InDesign.

PdfCraft: visualización y organización de documentos. Captura oficial del proyecto ArtCraft.
La importancia del conjunto está en que empieza a dibujar una alternativa amplia. Un diseñador podría utilizar un programa para ilustración, otro para edición fotográfica y un tercero para maquetar una publicación sin depender necesariamente de una única empresa para mantener todo su entorno creativo.

EffectCraft: motion graphics y efectos visuales. Captura oficial del proyecto ArtCraft.
Eso no quiere decir que la integración entre estas herramientas ya esté resuelta ni que todos los archivos y procesos sean intercambiables sin problemas. Todavía queda trabajo para conseguirlo. Pero la posibilidad de desarrollar aplicaciones independientes, compartir formatos cuando corresponde y mantener el código abierto representa una oportunidad interesante para que la comunidad construya soluciones que respondan a necesidades reales.

DesignCraft: maquetación editorial con columnas vinculadas. Captura oficial del proyecto ArtCraft.
En un mercado donde tantas funciones terminan organizadas alrededor de una suscripción, el simple hecho de que existan alternativas gratuitas para cubrir estas áreas ya es un avance.
Ahora bien, ¿están listas para reemplazar a Adobe?
No. Y decirlo no les quita mérito.
La propia página oficial de ArtCraft clasifica PhotoCraft y PdfCraft como versiones early alpha, mientras que sitúa las demás aplicaciones en desarrollo. Eso obliga a mantener los pies sobre la tierra. Hay que esperar mejoras en estabilidad, compatibilidad, rendimiento, tratamiento de archivos complejos y consistencia de las funciones antes de considerar que cualquiera de ellas puede asumir, sin riesgos, todo el trabajo de un profesional.
Tampoco hay que confundir un proyecto que reproduce muchas herramientas y opciones de una aplicación comercial con uno que ofrece exactamente la misma madurez. En un entorno profesional, un error de exportación, una capa que se pierde o un proyecto que deja de abrirse puede representar muchas horas de trabajo. Por ahora, lo sensato es probar estas alternativas con copias de los archivos, experimentar y seguir su evolución sin confiarles ciegamente proyectos críticos.
Además, existe una cuestión jurídica que merece seguimiento. El proyecto se presenta como una implementación independiente y de código abierto, desarrollada sin copiar directamente el código propietario de Adobe. Sin embargo, Ars Technica señaló que una semejanza muy estrecha en la apariencia comercial de las interfaces también podría generar discusiones legales. Habrá que ver cómo evoluciona ese asunto.
Dicho todo esto, que las aplicaciones estén verdes no significa que haya que descartarlas. Significa que estamos viendo una etapa temprana de algo que merece tiempo, pruebas y participación de la comunidad. Para mí, justamente ahí está la gracia: no estamos frente a un producto perfecto que se presenta como la solución definitiva, sino ante un intento de construir una alternativa con un rumbo muy claro.
Adobe y esa vieja costumbre de quedarse con el tablero
Acá es donde ArtCraft deja de ser solamente una curiosidad técnica y se convierte en una noticia que me interesa por razones bastante más amplias.
Adobe tiene una historia llena de productos que terminaron definiendo industrias creativas, pero también de adquisiciones que modificaron el mapa de la competencia. Uno de los ejemplos más conocidos es Macromedia, compañía detrás de herramientas emblemáticas como Flash y Dreamweaver. En abril de 2005, Adobe anunció un acuerdo para adquirirla mediante una operación valorada en aproximadamente 3.400 millones de dólares. La documentación histórica de la operación está disponible en este comunicado archivado en la SEC.
La compra tenía una explicación empresarial: combinar tecnologías, ampliar el catálogo y fortalecer la posición de Adobe en distintos mercados. No hace falta inventar una conspiración para reconocer que estas operaciones también concentran productos, equipos, propiedad intelectual y capacidad competitiva dentro de una misma compañía.
Por eso, cuando veo aparecer un proyecto independiente que intenta construir alternativas en tantas categorías de Creative Cloud, me resulta imposible no recordar aquella historia. Durante años, las grandes empresas tecnológicas han podido comprar equipos, productos y competidores cuando sus estrategias de crecimiento lo justificaban. Y aunque sería exagerado afirmar que Adobe compró a todos los que podían hacerle sombra, sus adquisiciones son una parte importante de la historia de la compañía.
Más recientemente, Adobe intentó adquirir Figma, una plataforma que había ganado muchísimo terreno en diseño de interfaces y colaboración. El acuerdo se anunció en 2022, pero ambas compañías comunicaron en diciembre de 2023 que lo daban por terminado al no encontrar un camino claro hacia las aprobaciones regulatorias necesarias en el Reino Unido y Europa. La historia completa está en el anuncio oficial de Figma.
Y acá aparece la pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando una empresa se acostumbra a resolver sus desafíos de crecimiento comprando productos, integrando herramientas y construyendo un ecosistema del que después es difícil salir? ¿Qué ocurre cuando una alternativa deja de ser solamente un competidor y se convierte en algo que la empresa dominante preferiría incorporar a su catálogo?
No digo que todas las adquisiciones sean malas ni que desarrollar una suite integrada sea, por sí mismo, un problema. Lo que cuestiono es el desequilibrio que puede producirse cuando una sola compañía concentra tantas herramientas esenciales para trabajar que sus usuarios sienten que tienen muy pocas opciones reales.
Y si un grupo de desarrolladores puede empezar a cambiar esa situación, aunque sea con aplicaciones imperfectas y todavía inmaduras, bienvenido sea.
Las suscripciones, las cancelaciones y el cliente cautivo
Si hablamos de las prácticas que deterioraron la relación entre Adobe y parte de su comunidad, tampoco podemos ignorar el modelo de suscripciones.
Para muchos usuarios, pasar de comprar una licencia a pagar regularmente por el acceso al software cambió por completo la relación con las herramientas. Una suscripción puede financiar actualizaciones continuas, infraestructura y desarrollo, pero también implica que el usuario puede perder el acceso a los programas cuando deja de pagar. Cuando las condiciones se vuelven difíciles de entender o cancelar, el modelo deja de sentirse como una comodidad y empieza a parecer una obligación.
En 2024, el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la Comisión Federal de Comercio impulsaron una acción judicial contra Adobe y dos de sus ejecutivos. Las autoridades alegaron que la compañía no comunicaba adecuadamente determinados cargos por cancelación anticipada y que dificultaba la cancelación de algunas suscripciones.
El asunto tuvo una actualización importante en marzo de 2026, cuando el Departamento de Justicia anunció un acuerdo propuesto por 150 millones de dólares: 75 millones en penalidades civiles y otros 75 millones en servicios gratuitos para clientes elegibles, además de obligaciones destinadas a mejorar la información contractual y facilitar las cancelaciones. Es importante precisar que se trata de una resolución propuesta para resolver las alegaciones gubernamentales, no de una afirmación de que Adobe haya reconocido culpabilidad. La compañía negó haber cometido irregularidades al comunicar su aceptación del acuerdo en su declaración oficial, mientras que los detalles de la propuesta figuran en el comunicado del Departamento de Justicia.
También estuvo la polémica de 2024 en torno a las condiciones de uso y el tratamiento del contenido de los usuarios. La reacción de muchos creadores mostró hasta qué punto la confianza en una plataforma puede deteriorarse cuando sus términos generan dudas sobre el acceso a los archivos y los usos que pueden hacerse de ellos. Adobe respondió aclarando que no entrenaba sus modelos generativos Firefly con contenido de los clientes y anunció cambios para expresar sus condiciones con mayor claridad, tal como explicó en su comunicado sobre los términos de uso.
Todo esto ayuda a entender por qué una suite como ArtCraft puede despertar tanto interés. Para una parte de la comunidad, la cuestión ya no es solamente si Photoshop tiene mejores herramientas o si Premiere ofrece más funciones, sino también cuánto control tiene el usuario sobre su propio trabajo y cuánto cuesta mantener el acceso a los programas con los que se gana la vida.
Y ahora llega una generación de herramientas construidas de otra manera
Uno de los aspectos más llamativos de ArtCraft es que su desarrollo se apoyó fuertemente en inteligencia artificial para programar. Según la cobertura de Ars Technica, Brandon Thomas utilizó Claude Opus 5.5 para ayudar a construir las implementaciones en Rust.
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La suite reconstruida en Rust con asistencia de IA. Imagen: PetaPixel.
Lo interesante no es pensar que la inteligencia artificial haya hecho desaparecer mágicamente todo el trabajo de ingeniería, porque sería una lectura bastante ingenua. Las aplicaciones siguen necesitando arquitectura, pruebas, revisión, integración, resolución de errores y decisiones técnicas. De hecho, desarrollar algo rápidamente no garantiza que funcione bien, y los programas que manejan documentos complejos pueden esconder problemas que no aparecen en las primeras pruebas.
Lo que sí está cambiando es la barrera de entrada. Con las herramientas adecuadas, un desarrollador puede avanzar más rápido en tareas que antes demandaban mucho más tiempo, producir versiones funcionales antes y apoyarse en una comunidad capaz de inspeccionar el código y aportar correcciones.
Para mí, ahí está una de las noticias más importantes de ArtCraft. No es solamente que aparezca un nuevo competidor de Adobe, sino que un proyecto relativamente pequeño pueda plantearse objetivos que hasta hace poco requerían recursos mucho más grandes. Si además el código permanece abierto, otros desarrolladores pueden aprender de él, mejorarlo, proponer funciones y ayudar a sostener su crecimiento.
Y ese modelo tiene algo que me encanta: no necesitamos esperar que una corporación decida que una función es rentable para que alguien intente desarrollarla.
¿Puede caer Adobe?
No creo que Adobe vaya a desaparecer mañana, ni que ArtCraft esté cerca de reemplazar por completo a Creative Cloud en los estudios profesionales. Sería demasiado pronto para afirmar cualquiera de esas cosas. La empresa tiene productos maduros, una enorme base de usuarios, una red de servicios y años de experiencia acumulada, ventajas que no desaparecen porque aparezca una suite prometedora.
Pero tampoco hace falta que Adobe desaparezca para que ArtCraft tenga éxito. Alcanza con que consiga construir alternativas suficientemente buenas para que cada vez más personas puedan elegir, para que algunos profesionales dejen de depender de una única compañía y para que el mercado tenga que competir de verdad en precio, funciones, privacidad y calidad.
Si PhotoCraft sigue mejorando, si VectorCraft alcanza una madurez suficiente, si FilmCraft resuelve los problemas de los flujos de trabajo profesionales y si el resto de las aplicaciones mantiene el mismo impulso, vamos a estar frente a algo mucho más importante que siete programas gratuitos.
Vamos a estar frente a una comunidad demostrando que no hace falta aceptar que una herramienta creativa sea un servicio al que estamos condenados a pagar indefinidamente. Y eso, incluso si todavía falta muchísimo camino, ya representa una victoria.
Por mi parte, voy a seguir mirando de cerca lo que hacen, probando sus avances y viendo cómo evoluciona el proyecto. No porque crea que todo lo nuevo es automáticamente mejor, sino porque me interesa que existan alternativas capaces de desafiar a los gigantes de la industria.
Y porque, sinceramente, después de tantos años viendo cómo el software creativo se convirtió en un ecosistema cada vez más cerrado y dependiente de las suscripciones, me resulta reconfortante descubrir gente intentando abrir las ventanas.
Que Adobe siga desarrollando buenos productos, por supuesto. Pero que tenga que ganarse a sus usuarios todos los días, en lugar de confiar en que no tienen adónde ir.
Si ArtCraft consigue avanzar en esa dirección, yo voy a estar más que dispuesto a darle una oportunidad.
Y si algún día Adobe tiene que revisar de verdad su modelo de negocio porque la competencia gratuita, abierta y construida con ayuda de inteligencia artificial empieza a llevarse una parte importante del mercado, no me va a encontrar llorando por la caída del imperio.
Al contrario, voy a brindar por la competencia. Porque, al final, los que ganamos cuando aparecen alternativas somos nosotros.
Y que viva el software libre, carajo.
ArtCraft, visto desde afuera
Antes de cerrar, tres miradas externas que ayudan a completar el panorama: qué significa que un desarrollador haya reconstruido siete aplicaciones completas en Rust, cómo se siente trabajar con el clon de After Effects y por qué el tema empezó a circular con tanta fuerza en los últimos días. Las dos primeras están en inglés y la tercera en español.
https://www.youtube.com/watch?v=eFB79TYI-Vw&t=59s&pp=ygUJYXJ0Y3JhZnQg
https://www.youtube.com/watch?v=5mi_tYSdkWQ&pp=ygUJYXJ0Y3JhZnQg0gcJCTcMAYcqIYzv
https://www.youtube.com/watch?v=GLuzk4eQQPM&pp=ygUJYXJ0Y3JhZnQg
Así empieza Thana prueba, una nueva serie dedicada a probar herramientas, aplicaciones y proyectos tecnológicos que merecen ser conocidos, sin vender humo, sin ocultar sus defectos y sin regalarle elogios a una empresa solamente porque lleva muchos años en el mercado.
