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Gaming y eSports

Recuerdos de un enjambre: StarCraft y Brood War

Recuerdos, historia y anécdotas sobre uno de los juegos que más horas me hizo perder frente a una PC.

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Recuerdos, historia y anécdotas sobre uno de los juegos que más horas me hizo perder frente a una PC.

¿Cómo puedo empezar?

Porque hablar de StarCraft es complicado. No porque no haya nada para decir, sino porque hay DEMASIADO.

Hay juegos que uno recuerda porque fueron buenos.

Y después están esos juegos que forman parte de una época.

StarCraft es de esos.

StarCraft — Intro


Cuando Internet hacía ruido

Creo que tenía unos 12 o 13 años cuando empecé a jugar StarCraft.

Y hay que poner esto en contexto porque, si naciste después, probablemente te cueste entenderlo.

Todavía teníamos Dial-Up.

Sí.

Internet conectado a través de la línea telefónica.

Ese hermoso ritual de esperar mientras el módem hacía:

piiiiiiiiiiiiii… krrrrrrr… piiiiiii…

Y después, milagrosamente, aparecía Internet.

Pero había una regla sagrada:

NO LEVANTES EL TUBO DEL TELÉFONO.

Porque si alguien en tu casa necesitaba llamar a alguien…

o atendía el teléfono…

o simplemente levantaba el tubo para ver si había tono…

se terminaba Internet.

Y si estabas jugando una partida online de StarCraft…

también se terminaba la partida.

Así de simple.

No había reconexión mágica.

No había “reconnecting…”.

No había servidores esperando a que volvieras.

La conexión se cortaba y probablemente tus compañeros de partida quedaban mirando tu nombre desaparecer.

Y vos, desde el otro lado de la casa:

—¡¡¡NO CORTES EL TELÉFONO!!!

Mientras alguien probablemente respondía:

—¡Pero necesitaba llamar!

Y vos:

—¡ESTABA JUGANDO!

Prioridades.


Una época completamente diferente

Hoy parece increíble pensar que una partida online podía depender literalmente de que nadie usara el teléfono de tu casa.

Pero era así.

Internet no estaba siempre ahí.

No era algo invisible que simplemente funcionaba.

Era casi un recurso limitado.

Había que conectarse.

Esperar.

Escuchar al módem.

Y rezar para que nadie necesitara hacer una llamada.

Y en ese contexto apareció StarCraft.

Para mí no era simplemente otro videojuego.

Era una ventana a algo completamente nuevo.

Tenía una historia enorme.

Tres razas completamente diferentes.

Un montón de unidades.

Campañas.

Multiplayer.

Mapas.

Y la posibilidad de jugar contra otra persona que podía estar literalmente en cualquier lugar.

Eso, con 12 o 13 años, era una locura.

StarCraft — La saga comienza


Antes de los esports, estaban los cibers

Hoy hablamos de esports, de jugadores profesionales, streams, sponsors, rankings, torneos millonarios y gente que vive de jugar videojuegos.

Pero hubo una época donde todo esto era mucho más artesanal.

Había un ciber.

Había una fila de máquinas.

Había un flaco gritando desde la otra punta:

—¡HACE RUSH!

Y probablemente alguien acababa de perder una partida de StarCraft.

StarCraft salió en 1998, en una época donde los juegos de estrategia en tiempo real ya tenían bastante recorrido, pero Blizzard consiguió hacer algo que no era nada sencillo: agarrar el concepto de Warcraft, llevarlo a la ciencia ficción y construir tres facciones completamente diferentes entre sí.

Terran.

Protoss.

Zerg.

Tres razas.

Tres formas completamente distintas de jugar.

Y probablemente tres formas diferentes de putear cuando perdías.

StarCraft — Selección de campaña


Y ahí empezó el vicio

A esa edad uno no analizaba el diseño de juego.

No sabía lo que era un build order.

No hablaba de balance.

No sabía qué carajo era un APM.

Simplemente jugabas.

Construías cosas.

Mandabas unidades.

Descubrías tecnologías.

Y cuando finalmente entendías que los Zerg podían aparecerte por cualquier lado…

ya era demasiado tarde.

Habías sido infectado.

Y después estaba Brood War.

StarCraft: Brood War

Pero eso…

Eso merece un capítulo aparte.